Hay sistemas que no se sostienen por su diseรฑo, sino por algo bastante mรกs silencioso: la ausencia de evento. Durante mucho tiempo no pasa nada, y ese ยซnadaยป empieza a operar como una forma de validaciรณn. No se formula asรญ, no se explicita, pero se instala. Si no pasรณ, entonces no es tan grave. Si no pasรณ, entonces puede seguir.
En ese contexto, ciertas prรกcticas dejan de percibirse como excepcionales. La clandestinidad, por ejemplo, no siempre aparece como riesgo. Mientras funcione, se integra. No necesita ser correcta. Alcanza con no generar consecuencias visibles. Con el tiempo deja de ser anomalรญa y pasa a formar parte del paisaje operativo.
Algo similar ocurre con la corrupciรณn, mรกs allรก del soborno. No necesariamente como dรกdiva o delito evidente, sino como una forma difusa de connivencia. Afinidades que no se tensionan, decisiones que no se revisan, situaciones que no se incomodan porque hacerlo implicarรญa frenar algo que, en los hechos, estรก funcionando. No hace falta un acuerdo explรญcito. Alcanza con una cadena de pequeรฑas decisiones que no corrigen, pero tampoco interrumpen.
Entre medio aparece otra capa, todavรญa mรกs difรญcil de seรฑalar: la resignaciรณn.
No es desconocimiento. Muchas veces se sabe. Se comenta. Se entiende.
A veces incluso se seรฑala, se advierte, se intenta.
Pero no alcanza.
El sistema sigue.
Con el tiempo, esa fricciรณn se desgasta.
Lo que no cambia se acepta, no porque estรฉ bien, sino porque intervenir deja de parecer viable.
A veces por cansancio, a veces por cรกlculo, a veces porque el costo inmediato de hacerlo es mรกs claro que el riesgo de no hacerlo mientras todo siga en pie.
Durante largos perรญodos, nada de esto parece problemรกtico. La ausencia del evento ordena la percepciรณn. Lo que en otro contexto generarรญa alerta, deja de hacerlo. No porque haya mejorado, sino porque se volviรณ habitual. La estabilidad empieza a confundirse con repeticiรณn sin consecuencias visibles.
En este tipo de sistemas no hace falta que todo estรฉ podrido para que algo falle.
Alcanza con que tolere pequeรฑas desviaciones funcionales.
Tampoco hace falta que todo estรฉ mal. Basta con que algunos puntos crรญticos dejen de sostener lo que prometen.
Lo que se construye entonces no es estabilidad en sentido estricto, sino una forma de continuidad sostenida por desajustes que funcionan. La clandestinidad se vuelve operativa, la corrupciรณn se vuelve difusa, la resignaciรณn se vuelve rutina. Ninguno de esos elementos, por sรญ solo, alcanza para explicarlo. Pero juntos, lo sostienen.
Hasta que aparece el evento.
Y cuando aparece, suele percibirse como algo repentino, casi inesperado. Sin embargo, no introduce un problema nuevo. Hace visible uno que ya estaba ahรญ. No corrige nada, no interpreta, no pondera contextos.
Ejecuta.
Durante todo el tiempo anterior no faltaron seรฑales. Lo que faltรณ fue algo bastante mรกs incรณmodo: interrumpir un sistema que, aunque torcido, seguรญa funcionando.
Los sistemas no se corrigen porque alguien tenga razรณn.
Se corrigen cuando ya no pueden seguir funcionando.

